Punta Catalina

Manuel Melo cumplió 30 años “vistiendo de negro”

Domingo NaN de Diciembre NaN

Imagen Columna
Manuel Melo muestra un retrato de Rosa Amparo, la mujer por la que siempre viste de color negro.

Freddy Ortiz Pujols
San José de Ocoa

El color negro en la vida de Manuel Antonio Melo lo acompaña en todo momento, aun en la claridad. Su vestimenta lo dice todo, la única ropa que usa es de color negro, pero no se trata de imitar al popular artista Anthony Rios.

Como si fuera poco, lleva boina, rosario y brazaletes negros. A donde se traslada también lo hace a bordo de una motocicleta “negra”. Esto no termina aquí también en su hogar, la cama, las cucharas, servilletas, platos, sillas, paredes, cortinas, almohadas, estufa, vasos, suape, nevera también son negros.

La razón: una mujer colombiana llamada Rosa Amparo que vino a esta provincia como pastora misionera en el 1985, lo “flechó” cuando él cantaba en el desaparecido cine Rhan de esta localidad. Según cuenta estuvo por dos años del 1985 al 1987, año en que terminó su misión.

“Visto de negro por una colombiana que una vez me vio cantando en el cine y le gusté como canté, gracias al profesor Pabi me dijo que unas colombianas querían aprender a tocar guitarra, la misma tarde pasé por una casa, yo me puse a mirarla y ella se puso hablarme del señor”, narra Melo con tanta emoción como la de un niño cuando recibe su primer juguete.

“Al año nos dimos un beso”, agrega Melo, que conserva las fotografías del lugar donde ocurrió ese encuentro.

Fue el 10 de junio de 1987 la última vez que la vio, aunque ya han transcurrido 30 años, su amor hacia ella está intacto hasta el punto de que sabe de sus actividades y la llama anualmente para su cumpleaños.

“Ella es misionera cristiana, aquí le tocó desde el 1985 al 87, y ahora es pastora en una iglesia en Colombia, yo la llamo todos los 30 de agosto cada vez que cumple años”, expresa con una amplia sonrisa.

De aquel entonces no olvida sus vivencias, los momentos que compartió con ella y de las ocurrencias que hizo.

“Yo le cantaba serenatas y le llevaba flores. Me dijo un día, no me traigas más flores y al otro día fue que le lleve de verdad”, rememora quien le compuso una canción y la cual interpreta de forma frecuente.

Uno de los momentos más difíciles es cuando se acerca la despedida, pues le llegó el tiempo marcharse a Amparo.

“Ella se fue a Colombia, teníamos planes a lo mejor de casarnos, yo lloré ese día”, la misma escena se repitió durante esta entrevista. Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas.

DESISTIR DE IDEA
Familiares cercanos y amigos han tratado de convencerlo de dejar de usar ese color, debido al tiempo que ha pasado, pero dice hasta que ella no se case con él, seguirá usando de negro.

“Yo dije que hasta que no la viera y se casara conmigo, yo me vestiría de negro, pero ella no se casó, ni yo tampoco, la sigo amando, no sé si la veré algún día”, manifesta quien ha ganado premios en varios festivales de la voz tanto en esta población como en Baní, Barahona, San Pedro de Macorís, entre otros lugares.

“Esa mujer puede llegar a 100 años y yo me caso con ella porque yo la amo”, expresa.

Si se habla de esperanza, en su hogar conserva cuatro retratos con mensajes que le recibió de ella. Uno dice: “Quien vive de esperanza, ve más allá, quien vive de amo ve más profundo, quien vive de fe, ve todo bajo nueva luz”. Además atesora cartas y otros detalles.

“Tengo cartas de cuando me escribía, que me decía que me amaba también en ese entonces, pero ya no sé, sí sentirá todo lo que siento ella”, señala.

Su atadura a vestir del color negro, le brinda tal comodidad que dice estar dispuesto a enfrentar cualquier situación o problema de salud no importa cuál sea. No le interesa cambiar de ropas y según relata hasta arriesgaría su vida.

“Hay gente que me ha dicho que usar el color negro da cáncer por la absorción de los rayos solares, pero yo estoy preparado para morir de cáncer en la sangre porque yo no me quito este color”, indica con tal firmeza como la de un alpinista subiendo una montaña.

Mientras las manecillas del reloj siguen girando hacia la izquierda y el tiempo pasa inexorablemente, Melo se divierte a su manera de vez en cuando empina el codo, mientras aguarda pacientemente por ese amor el cual califica como “eterno”.

“La sigo amando, si algún día viene podemos casarnos, es mi amor eterno”, concluye.

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