Punta Catalina

Marcos Soto, un lanzador por accidente que puso en alto al país

Domingo NaN de Diciembre NaN

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El ocoeño, Marcos Soto, fue clave en el primer oro conquistado por el país en béisbol en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1962.

Freddy Ortiz Pujols
Santo Domingo

Luis Marcos Soto Tejeda nunca imaginó que un feo momento para el entonces jugador Rolando Miranda se convertiría en una señal que lo llevaría a cambiar de posición desde la segunda base a lanzador, en cuya labor brilló en el béisbol amateur y que fue clave en el primer oro conquistado por el país en la historia de ese deporte en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1962.

Para el 1961, Soto Tejeda jugaba con el equipo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en el torneo nacional doble A del Distrito Nacional.

En un partido defendiendo la segunda base, un jugador de un conjunto de la Liga El Cine batea un rodado que atrapa el campocorto Bolivar Ledesma, quien le pasa a Soto para completar la doble matanza que rápidamente suelta la pelota y hace el disparo hacia la primera base, pero desgraciadamente la bola fue a parar al rostro de Miranda.

“Ese muchacho brincó y cayó como un pollo en segunda, yo pensé que lo había matado, del miedo corrí para el dogout del mi equipo”, recuerda con la misma nostalgia en que vivió ese momento, al cerrar los ojos por par de segundos.

“Él duró como cinco días interno en el hospital Marión que está ahí cerca de la UASD”, rememora el nativo de San José de Ocoa, designado como Vieja Gloria del Béisbol Amateur el 15 de agosto del 2000.

Esa amarga situación que resultó como frustrante para Miranda, le iluminó la mente al entonces manager Enrique -El Mariscal- Lantigua al descubrir el gran talento de Soto por la fortaleza de su brazo, por lo que le recomienda a partir de ahí, cambiar el rumbo de su vida deportiva y afrontar el reto de subir al montículo.

“Se puede decir que ahí descubrí la habilidad que tenía para lanzar y el mariscal Lantigua me dice que yo tenía que ser pitcher”, expresa el autor de la blanqueada por República Dominicana 11-0 ante Colombia en los Centroamericanos de 1962 al permitir apenas dos hits y abanicar a 11 bateadores en esa justa regional.

OTRO MOMENTO QUE CONVENCE A LANTIGUA

Ese mismo año, lanzando contra el equipo Luis Felipe de la Liga del Cine en los terrenos de la UASD, su equipo perdía 3-1 en la parte alta del cuarto episodio, cuando el lanzador Manolo Joa comenzó a debilitarse y no había más lanzadores disponibles en el banco.

En ese momento, el manager Enrique Lantigua, llamó a Soto desde la segunda base para que se encargara del box, no sin antes alentarlo con las siguientes palabras: “Chiquito fájate que tú tienes mucha fuerza en el brazo”, relata el también escritor esa ocasión hace 54 años con tal perfección como la de una gimnasta en la ejecución de sus movimientos.

El también abogado de profesión en aquel momento sin ninguna experiencia, pero con mucho coraje y deseos de triunfar, asumió ese compromiso, lanzado los restantes cinco episodios, sin permitir libertades y ganando finalmente el juego 9-3.

“Recuerdo que no habían más lanzadores y Lantigua me veía haciendo disparo desde segunda y me dijo Soto que si podía aguantar ese juego, ahí empezó Marcos Soto ya como lanzador”, manifestó con satisfacción el padre de Marcos, Patricia y José Miguel, procreados junto a Marcia Ramírez de Soto, con quien tiene 44 años de feliz matrimonio.

Cuando terminó el partido, el Mariscal lo llamó y le dijo que a partir de ese momento comenzaría a enseñarle las técnicas y fundamentos para convertirlo como lanzador, ya que creía que tenía la herramienta principal: la potencia de su brazo.

Los resultados no se hicieron esperar durante el torneo del año 1962, consagrándose como el lanzador estelar de la UASD, al guiar al triunfo de ese equipo en el torneo doble A y finalizando entre los mejores ponchadores de ese torneo.

SELECCIONADO PARA EQUIPO RD
Producto de sus sobresalientes actuaciones, pues ya contaba con las habilidades enseñadas por Lantigua, es convocado a los entrenamientos para escoger la selección nacional que iría a los IX Juegos Centroamericanos del Caribe en Kingston, Jamaica en el mes de agosto del 1962.

“Nos alojaron en el estadio Quisqueya a todos los que nos habíamos destacado y estuvimos durmiendo por 15 días ahí, luego una comisión evaluadora compuesta por Horacio Veras, Tomas Troncoso, y Neftalí Martínez, escogieron el equipo y dentro de los seis estaba yo”, evoca Soto, quien tiene como su artista favorito al merenguero, Joseito Mateo.

Ya en Jamaica, es escogido con 22 años por el manager Manuel Henríquez para lanzar el primer juego contra Colombia, que había lucido poderoso en las sesiones de entrenamiento.

Aunque se sorprendió por esa decisión, no defraudó a Henriquez, pues puso a prueba todo lo que le había enseñado El Mariscal y estaba confiado de sí mismo para representar con gallardía la bandera dominicana, como en efecto lo hizo.

“Yo no sentí ningún miedo, ir a competir en ese grupo donde estaban más entrenados, porque estaba muy seguro de mí mismo”, expresa el miembro de esa gesta que le dio la primera dorada al país en el principal deporte de los dominicanos en unos Centroamericanos y quien tenía un amplio repertorio, según los periódicos de esa época.

En esos juegos de Jamaica, la República Dominicana ganó por primera vez en su historia la medalla de oro en béisbol, terminando con marca de 4-1, supremacía que se mantuvo por 20 años, ya que la segunda fue conseguida en los Juegos Centroamericano de 1982 en Cuba.

EXPERIENCIA INOLVIDABLE
A su regreso al país, le llovieron las entrevistas en la radio y la televisión y las publicaciones en la prensa que reseñaban ese hecho.

“A cada jugador nos dieron una medalla de oro y me cargaron, fue una experiencia muy emocionante”, cuenta quien tiene como sus exjugadores favoritos a Felipe Alou, Manuel Mota y Mickey Mantle, entre otros.

Su salario era de 90 pesos mensuales, el cual se servía para ayudar a su madre y le rendía para desenvolverse en ese tiempo.

“En el 1962, con esos 90 pesos se hacía mucho, le daba a mi madre y yo vivía en el barrio Maria Auxilaidora, y estaba soltero”, comenta, quien tiene como uno de sus platos favoritos el cebiche con batata.

DURO GOLPE A SU CARRERA
Sus bonos como lanzadores fueron aumentando hasta el punto de que Horacio Martínez, quien era escucha de los Gigantes de San Francisco en esa época y que ya había firmado a Juan Marichal, Felipe, Mateo y Jesús Alou, Manuel Mota, entre otros, le hizo una oferta que luego se esfumó al sufrir una dolorosa lesión, teniendo que ser contratado por el equipo El Cami (Consejo Administrativo Matadero Industrial), con quien tuvo un relevante desempeño.

Es a partir del 1964, que tiene que abandonar para siempre el rol de lanzador por un desgarramiento en el manguito rotador en una época, donde la ciencia y la medicina no estaba tan avanzada como hoy en día, en la que ese tipo de cirugía es común entre los lanzadores y su recuperación en la mayoría de los casos está garantizada.

“Estábamos peleando por el torneo doble A contra el Central Ozama, yo había ganado el primer juego 3-0, lanzando nueve inning un sábado en la tarde y al otro día en la mañana perdimos”, dice.

Sigue diciendo: “en el tercer juego en la tarde estábamos perdiendo y el manager Rene Rojas me dice que yo era la única carta de triunfo, en ese momento tenía el brazo adormecido y empecé a sufrir el desgarramiento”, indica con gestos de dolor.

“Ahí se cayó la oferta de Martinez, aunque seguí jugando con El Cami, me enviaron a donde un médico que era el mismo de los Leones del Escogido y me dijo que para poder recuperarme (no era seguro) tenía que enyesarme todo el brazo por dos o tres meses, y le dije creo que aquí terminó la pelota para mi”, dice con un lenguaje corporal que expesa lo difícil que fue recibir esa noticia.

Esa situación lo llevó a regresar de nuevo a su antigua posición de segunda base, pero esta vez jugando con el equipo amateur de San José de Ocoa, en los torneos regiones de la Región Sur los años de 1967-1968.

SOÑÓ CON LLEGAR A LAS GRANDES LIGAS
Como lanzador era admirador en ese entonces de Don Larsen, único que ha tirado un juego perfecto en una Serie Mundial en el 1956 en Grandes Ligas, pero esa lesión le tronchó su carrera de solo dos años como lanzador.

“Yo tenía el sueño de llegar a las Grandes Ligas, y si no lo lograba, pude haberle dado muchos triunfos a mi país, porque el sistema de béisbol en esa época, era de que el lanzador tenía que tirar los nueve inning completos, no como ahora que hay especialista en el relevo” sostiene.

Ahora ya retirado, su tiempo libre lo dedica a disfrutarlo con su familia y en las actividades que le apasionan como el deporte y compartir con sus amigos.

Además, como escritor, ha publicado cuatro obras: la Supervisión Bancaria: Una Experiencia Dominicana", publicado en el año 1987 y "OCOA: Veinte años de Vivencias (1940-1960), publicado en el año 2011 y su más reciente libro “Los Apodos en San José de Ocoa" publicado en febrero del presente año.  En esa faceta de su vida, tiene varios proyectos en carpeta que espera desarrollar en un futuro cerano..

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